
Lo que sigue es un camino sin luces, y años desparramados en el aire, fingiendo libertad. Seguimos atados, amarrados a esa ilusión que sigue sangrando; entre espinas disfrazadas con tules de seda y dagas afiladas con urgencia de herirnos, de desgarrarnos la piel. Durmiendo en una cama de clavos, sin poder despertar ilesos. Pereciendo de a poco, con esa agonía de los mortales, con esa impotencia. Miro sin llegar a ver, veo sin poder entender nada, como una película sin doblaje, como un libro escrito en latín. Te observo en cada movimiento y necesito escuchar tus gemidos. Alguna señal que me dé la certeza de que aún existís, de esa representación del “ser” carente de su verbo “estar”. No quiero un análisis profundo. Quiero profundizar sumergiéndome en tu alma, a través de tus ojos. En cada pestañeo desplegás luz, esa luz que me falta, esa luz que perdí en el laberinto, ese laberinto sin estrellas con el que alguna vez soñé. Y la peor condena es el sometimiento, esta especie de inercia que me lleva hacia vos, sin elección. Nada podrá salvarnos?, nada racional… la razón se desdibuja con el humo, y el mareo se hace cargo de la situación… Sigo sometida al instinto, sigo siendo esclava de mis sentimientos, y mis palabras pierden todo sentido, todo lo que haga es poco… sin cometer un crimen soy cautiva de tus pasos, de tus manos, de todo tu ser… ningún delito y cadena perpetua, en esta prisión histológica que me deja más sola que nunca…
