SÁBADO

Un fragmento de “Abaddón, El exterminador" de Ernesto Sábato

Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos dá en fugaces momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que nos encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tienen aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.

jueves, 21 de agosto de 2008

CREO

Creo que con una canción
la tristeza es más hermosa.
Creo que con una palabra
puedo decir mil cosas.
Pero no creo en el circo
de la información.
Toda decanta en tu amor
y en mi dolor.

Creo que es mejor morir de pie
que vivir de rodillas.
Creo que el viento me alcanzó
el olor de tu mejilla.
Creo en mi guitarra, creo en el
sol (si me cura las heridas),
Creo en tu voz.

Creo en la vida, en la noche,
en tu alma y no creo
en todo lo demás.
Creo en tu estrella,
en aquella que busco
en mi sueño mejor
para poder luchar.

Creo en esas tarde que viví
jugando a la pelota.
Creo que educar
es combatir
y el silencio
no es mi idioma.
Creo en tu sonrisa,
creo en mí si te veo hoy
y me pedís que no
me rinda,
sigo por vos.

Creo en la lluvia cuando cambia
el olor de mi tierra.
Creo en el mar
cuando amanece
abrazándose a las
piedras.
Creo en los jazmines
que un Dios me bajó
esa vez, para poder
conocerte como mujer.

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