Iba al lado suyo... mientras hablaba yo viajaba entre sonidos, de vez en cuando tarareaba una canción que nunca escuché, simulaba conocerla, como tantas otras veces... simulaba solo para poder aislarme...estábamos cerca pero mi muro infranqueable iba creciendo y nos separaba... en el medio un abismo, delante de nuestros ojos la avenida, un ritmo lento, unos reflejos rápidos, y mi corazón intentando irrigar todos mis órganos y tejidos... cada vez más fuerte, el sonido fue cada vez más fuerte, y yo seguía cantando, haciendo gestos, moviéndome sin dirección aunque nuestros cuerpos se dirigían hacia adelante...solo inercia, pensé, y me dejé caer sin contradecir a la gravedad... mientras, seguía escuchando su voz... hablaba de no sé que embotellamiento, de una obra en construcción que rozamos en la marcha... y yo cantaba mientras caía... cuando por fin llegué al ras del suelo inspiré polvo, mis pulmones emitieron un quejido, mi garganta se cerró, o al menos lo intentaba... el seguía hablando de no sé que cosa... y mis canciones dejaron de ser canciones... y todo siguió moviéndose, girando a nuestro alrededor... la avenida dejó de ser avenida... y sin embargó seguía escuchando su voz, cada vez más ronca, cada vez más desesperante, y yo me tapé los oídos, y traté de volver a cantar..
SÁBADO
Un fragmento de “Abaddón, El exterminador" de Ernesto Sábato
Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos dá en fugaces momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que nos encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tienen aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.
Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos dá en fugaces momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que nos encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tienen aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
TAN CERCA Y A LA VEZ TAN LEJOS...
Iba al lado suyo... mientras hablaba yo viajaba entre sonidos, de vez en cuando tarareaba una canción que nunca escuché, simulaba conocerla, como tantas otras veces... simulaba solo para poder aislarme...estábamos cerca pero mi muro infranqueable iba creciendo y nos separaba... en el medio un abismo, delante de nuestros ojos la avenida, un ritmo lento, unos reflejos rápidos, y mi corazón intentando irrigar todos mis órganos y tejidos... cada vez más fuerte, el sonido fue cada vez más fuerte, y yo seguía cantando, haciendo gestos, moviéndome sin dirección aunque nuestros cuerpos se dirigían hacia adelante...solo inercia, pensé, y me dejé caer sin contradecir a la gravedad... mientras, seguía escuchando su voz... hablaba de no sé que embotellamiento, de una obra en construcción que rozamos en la marcha... y yo cantaba mientras caía... cuando por fin llegué al ras del suelo inspiré polvo, mis pulmones emitieron un quejido, mi garganta se cerró, o al menos lo intentaba... el seguía hablando de no sé que cosa... y mis canciones dejaron de ser canciones... y todo siguió moviéndose, girando a nuestro alrededor... la avenida dejó de ser avenida... y sin embargó seguía escuchando su voz, cada vez más ronca, cada vez más desesperante, y yo me tapé los oídos, y traté de volver a cantar..
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario