Nunca te sentiste así como congelado en el tiempo?, como si las cosas pasaran a tu alrededor a una velocidad increíble, y vos estático, en stand by viendo como todo se aleja?... parecido a esa extraña sensación de cuando te están anestesiando, de a poco sentís que te vas quedando sin fuerzas en las extremidades, ves todo, pero no podés moverte, escuchás, querés hablar y te cuesta modular, sentís esa impotencia, esas ganas de seguir despierto, alerta, para no perderte nada, pero de a poco el sueño te vence y la conciencia te abandona... esa impotencia que desespera al extremo, esas ganas de querer cambiar las cosas y esa imposibilidad de hacerlo... siento que camino en arenas movedizas, quiero avanzar y cada vez me hundo más, en mí, la peor condena, estar acá adentro y no poder salir, siento que sola no puedo... En esta exposición, estoy mostrando mi peor parte, esa que creí sepultar hace algunos años, volvió a salir a la superficie aquello que alguna vez odié de mí... y pareciera que es lo único que tengo, pero sé que no es así... quiero creer que solo es un momento oscuro, que voy a volver a mi, realmente lo necesito..
Vuelven a surgirme en las cabezas tus palabras, aveces dagas, aveces caricias... y me siento tan vulnerable, tan horriblemente expuesta, soy una herida que no cicatriza, cualquier microorganismo extraño puede dañarme, quizás soy yo la que se expone demasiado sin necesidad...... Y escuché tantas cosas estos días, es inevitable el dolor...dije tantas cosas también, estaría bueno detenerme a pensar dos segundos antes de hablar, pero esta puta impulsibidad se hace cargo de la situación y me condena... y mis decisiones son terriblemente cuestionables por mí, pero cuando uno está así, hundido en esta especie de oscuridad, es dificil pensar con claridad... entonces mi alma y yo nos seguimos hundiendo... cuando llegue al fondo volveré a tomar el envión para subir?... la solución está en mí... NADIE SALVA... lamentablemente NADIE SALVA...
SÁBADO
Un fragmento de “Abaddón, El exterminador" de Ernesto Sábato
Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos dá en fugaces momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que nos encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tienen aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.
Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos dá en fugaces momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que nos encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tienen aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.
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2 comentarios:
Nada más cierto... Aunque quisieras nadie salva! Hasta hoy espere pero decidí decir... no más! no lo dije... lo grite!!
Pueda que este sea un espacio para conocernos... así no queramos, cada palabra es reflejo de lo que se lleva por dentro...
Por estas tierras Colombianas alguien esperaba también ser salvada... Yudi esperaba ser salvada por un príncipe... quería que viniese danzando por su princesa y ahora su principito... y descubrí que sólo me queda eso... Mi chispa divina. :'(
Es la realidad en su maxima puresa, el rostro detras de la máscara que todos llevamos puesta. No podemos esperar que nos salven si a nadie le interesa. En mi caso; salvese quien pueda.
saludos. :)
Mr. G.
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