SÁBADO

Un fragmento de “Abaddón, El exterminador" de Ernesto Sábato

Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos dá en fugaces momentos, y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado, el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que nos encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando él nos quiere, o lo queremos cuando él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor es ya inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tienen aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar.

lunes, 7 de enero de 2008

UN MINUTO ANTES DE DEJAR DE QUERERTE


Mas herido que asustado
menos triste que atontado
en la avantpremiere de esta resaca extra large
vos pedis cambiar de aire
yo no se cambiar la cara
vos corres el doble y yo te espero la mitad
siento una tremenda topadora
haciendo la vertical encima de este corazon
venderia cara esta derrota
pero mi coraje cabe en la pestaña de un raton
y no puedo respirar
y tengo 40.000 de fiebre
un minuto antes de dejar de quererte
y me duele la ciudad
y tengo un arpon entre los dientes
un minuto antes de dejar de quererte
y es que estas ganas de irse llegaron para quedarse
le prometen besos brujos a mi soledad
nos debemos ese antojo
y aprender a bailar tango
si es que en otra vida nos volvemos a olfatear...
y tus manos no me escuchan
y mis labios no quieren ni verte
un minuto antes de dejar de quererte
y mi olvido no te olvida
y mis miedos me desean suerte
un minuto antes de dejar de quererte
siento que me llenan la cara de dedos
la penumbra del deseo y las ampollas de este adios
y no puedo masticar
y tengo 50.000 de fiebre
un minuto antes de dejar de quererte
y me duele la ciudad
y tengo tu nombre entre los dientes
un minuto antes de dejar de quererte.

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